En los Legionarios de Cristo hay un antes y un después de que salieran a la luz pública los abusos del padre Marcial Maciel dentro de esa congregación.
Entrevisté al padre Benjamín Clariond, vocero mundial de los Legionarios de Cristo, con sede en Roma. Benjamín es un hombre joven, mexicano, hijo del ex gobernador de Nuevo León, homónimo suyo. El mismo es parte de la renovación imprescindible en esa orden, de mucho peso en la Iglesia Católica en general y en México en particular.
Me dice que reconocen a Maciel como fundador de su congregación y que durante su liderazgo hubo cosas buenas, pero también que hubo muchos errores que hacen a su fundador impresentable. Sostiene que fue muy importante que se pudieran reconocer hechos que no se podían esconder, que son parte de una historia que tenían que asumir.
El vocero mundial de los Legionarios hace una reflexión. Dice que en el mundo hay muchas familias disfuncionales, con padres rotos, ausentes, que no han estado a la altura. En la Legión de Cristo, asegura, ha pasado lo mismo y sin embargo Dios ha podido sacar cosas buenas de toda esa crisis y por tanto hay una señal de esperanza. Asegura que a pesar de que haya padres y madres frágiles, con defectos, Dios puede hacer que los hijos sean estupendos. Y eso nos tiene que dar mucha confianza, en él y en el futuro.
Había cosas en los Legionarios que en principio parecían buenas, pero en la práctica resultaron graves errores como fue el voto de silencio que se hacía para no criticar a los superiores de la orden. Un voto que en parte propició que se ocultaran muchas cosas. Eso ha cambiado radicalmente, dice, porque ahora si tú como padre ves algo con lo que no estás de acuerdo, que está haciendo un superior tuyo, lo puedes y debes decir. Quienes hagan cosas indebidas, saben que van a ser juzgados por eso.
Este periodo, nos explica, ha sido de mucho análisis, de buscar y encontrar los defectos y los errores cometidos para poder corregirlos. Dice que hay que mirar con detalle porque hay mucho que hacer, mucha gente a la que le tenemos que dar esperanza. Como lo está haciendo, nos asegura, el papa Francisco, que es un hombre muy agradable, muy cercano, pero a la vez muy exigente.
El mundo ha cambiado, dice el vocero mundial de los Legionarios, ya no le puedes decir a la gente reza tres Padres Nuestros, y no pasó nada. Hay que hacerle entender a la gente, dialogar, pero sobre todo crear conciencia.
Le pregunté al padre Benjamín cómo se podía restaurar la credibilidad de los Legionarios y me dice que están respondiendo a todos los cuestionamientos de frente, sin negar la información. Afirma que no le tienen miedo a la verdad, ni a hablar con nadie. Están convencidos de que es un gran valor el poder estar en contacto con las personas y compartir su experiencia.
Ha sido una experiencia de caída y de volver a subir. Un futuro que Clariond visualiza sólido, cuando dice que si ese futuro no existiera, él ya se hubiera ido. Los Legionarios tienen una gran participación en la educación, sobre todo en México. En los colegios de paga cuentan con aproximadamente 65 mil alumnos, a los que se suman las universidades. Y en los Colegios Mano Amiga, donde la aportación económica es mínima, tienen a más de veinte mil estudiantes. Estos colegios se encuentran en lugares marginados. La cuota, me explica, es simbólica para que los padres se comprometan de verdad y valoren la educación de sus hijos. La gran mayoría de esos alumnos ingresa a la universidad.
Finalmente me dice que estuvieron al borde de la muerte, pero que ya los han dado de alta en el hospital. Ahora les queda seguir haciendo la rehabilitación, porque la responsabilidad es altísima. Se les está dando un nuevo voto de confianza y saben que no pueden fallar. La institución les da los medios, pero cada uno de los miembros de los Legionarios es quien debe ser responsable de aprovechar la oportunidad.
Finalmente nos dice que agradece las críticas, cuando son de verdad, porque les ayuda a reflexionar y cambiar. Pero le pide a esas personas, a quienes los critican, que les den una oportunidad, seguramente se podrán equivocar en cosas menores, porque son humanos, pero quieren hacer las cosas bien.
Sacudirse al padre Maciel es complicado, pero los Legionarios de Cristo son mucho más que su impresentable fundador.
Autor: Belsasso Bibiana
Fuente: http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=211640
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martes, 22 de abril de 2014
martes, 11 de febrero de 2014
Una conversación con el P. Eduardo Robles Gil, L.C., nuevo director general de los Legionarios de Cristo.
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| «Quisiera que Cristo nos llenara de amor, de ilusión y de esperanza» |
Unos días después de que el Capítulo General eligiera al P. Eduardo Robles Gil director general de la Legión de Cristo y mientras esperábamos la confirmación por parte de la Santa Sede, el P. Benjamín Clariond tuvo ocasión de entrevistarlo en la Sede de la Dirección General.
P. Eduardo, gracias por concedernos esta entrevista. Queremos también agradecerle que haya aceptado este cargo que la Legión le ha dado a través de los padres capitulares. No todos han tenido la oportunidad de convivir con Ud. Por eso, quisiera iniciar preguntando: ¿Quién es el P. Eduardo Robles Gil?
En primer lugar agradezco esta primera entrevista para LaRed y nuestros sitios de internet. Lo primero que he querido es dirigirme a los legionarios de Cristo y a los miembros del Movimiento, como hermanos que somos, para que ellos puedan conocerme y, con el tiempo, yo a ellos. A todos pido una oración.
Quién soy yo? Soy un miembro del Regnum Christi. Contesto así porque, de algún modo, el encuentro con Cristo en el Regnum Christi es lo que ha marcado toda mi vida.
Nací en una familia cristiana, practicante. Mi papá murió cuando yo tenía tres años y medio y mi abuelita y una tía hermana de ella vinieron a vivir con nosotros. Ellas eran profundamente religiosas. Mi mamá tiene una fe muy grande, aterrizada, realista y eso definitivamente marcó mi infancia.
Estudié siempre en el Instituto Cumbres y ahí conocí a la Legión de Cristo. Tuve un tío jesuita, un sacerdote muy santo y bueno, también un tío marista. Pero donde yo encontré a Jesucristo fue con los Legionarios de Cristo incorporándome al movimiento Regnum Christi. Por eso al definirme digo que soy un miembro del Regnum Christi que encontró su vocación en el Movimiento, para consagrarse plenamente a Dios y ser sacerdote.
Ud. ha vivido un largo trayecto de su vida religiosa cuando el P. Maciel era director general. ¿Cuál ha sido su relación con él ?
Yo estudié en Roma de 1977 al 1983 y en esa época él venía a Via Aurelia 677, estaba en la casa, pero no es que lo hiciera con tanta frecuencia. Durante mi tiempo de estudios en Roma, otro hermano legionario y yo buscábamos propiedades para poder construir el nuevo colegio. Nos tocó buscar el terreno para lo que hoy es el Colegio Mater Ecclesiae. A veces tuve reuniones con el fundador para informarle de este trabajo.
Después dejé de trabajar directamente con él. Me fui a España durante dos años después de mi ordenación sacerdotal. Después a Brasil por 4 años. La siguiente vez que tuve más trato con él fue cuando fui administrador territorial en México durante dos años, pero no es que haya habido mucha cercanía.
Ahora bien, como a todos los legionarios que veíamos en él su labor como formador y desconocíamos su doble vida, sí sentía una admiración por él.
Y a la luz de los hechos que hemos conocido, ¿cómo ha redimensionado Ud. la figura del fundador?
Desde que salieron las primeras noticias en 1997 yo me planteé la pregunta: “Si esto fuera cierto, ¿yo qué haría?”. Decidí desde mi oración y mi conciencia lo siguiente: Dios me llamó al sacerdocio en la Legión. Si eso que se dice del fundador fuera cierto, yo seguiría siendo sacerdote legionario. En ese momento esto era una simple hipótesis.
En 2006, cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe hizo su comunicado respecto al fundador, tuve la convicción interior de que lo que se decía de él probablemente era verdad. Honestamente, no podría creer que la Iglesia hiciera un comunicado de este tipo a la ligera. Sin embargo, experimentaba todavía una cierta incredulidad porque eso no correspondía a lo que yo conocía del fundador.
Después del dolor inicial cuando se confirmó que estos hechos eran verdaderos, viví un proceso interior que hizo más fácil asimilar esto y, como sacerdote y ministro del perdón, confiarlo a la misericordia de Dios. Naturalmente, también sentí un gran pesar, sobre todo, por el sufrimiento causado. Dios me concedió la gracia de perdonar y pasar la página. Me he dedicado desde entonces a trabajar.
Ud. formó parte de la Comisión de Acercamiento que instituyó el Card. De Paolis para atender a las víctimas del P. Maciel. ¿Cuál fue su experiencia en esta tarea?
Por una parte, hay que entender a las personas que son víctima de un abuso: es una marca muy dolorosa que tienen en su vida y no es nada fácil que se borre. De hecho, para muchos nunca se borra. Para mí fue doloroso y triste constatar las consecuencias de los hechos y nadie debería tomárselo a la ligera.
Pero la experiencia de poder dialogar con quienes han sufrido, acercarme a ellos, me ayudó para entenderlos y para tratar de dimensionar lo que es el dolor de una persona que sufre. En los casos que traté, pudimos hablar, pedir perdón y adelantar en el camino de la reconciliación.
A la luz de su experiencia en la Comisión de Acercamiento, ¿podemos afirmar que la Legión seguirá comprometida en la prevención de cualquier tipo de abuso?
Por supuesto. Hoy la Iglesia Católica está comprometida para que no haya más abusos. Se puede constatar por la acción de los diversos dicasterios competentes, y también en los discursos más recientes del Papa. La Legión de Cristo, igualmente, está trabajando y seguirá haciéndolo en la prevención de cualquier forma de abuso, en la adecuada formación y selección de quienes quieren entran a la congregación, en la creación de ambientes seguros. Y, por supuesto, en la atención ágil y seria a cualquier denuncia que nos hagan llegar. En todo esto, ya hay y seguirá habiendo una colaboración plena con las autoridades civiles y eclesiásticas de los distintos países.
También hay que decir que los seres humanos somos frágiles y tenemos que asumir que no podemos decir que esta tarea está concluida y que ya nunca más habrá abusos en la Iglesia. Este realismo nos lleva a no bajar la guardia y a poner todos los medios a nuestro alcance para prevenirlos. Se trabaja ya en la prevención y atención, pero siempre hay campo para mejorar.
Estudió en Roma de 1977 a 1983. Su período de formación fue bastante rápido. ¿Ud. nota que hay alguna laguna en su formación al recorrer en tan poco tiempo su preparación al sacerdocio?
Cada uno en la Legión tiene un proceso de formación personal. Por ello, no se puede hablar de un prototipo, aunque sí hay algunas pautas comunes. En comparación con otros legionarios, mi proceso es de los cortos. Cuando yo entré a la vida consagrada [en el Regnum Christi], cursé muchos de los estudios que se tienen en el noviciado y en las humanidades, aunque sin dedicarle tanto tiempo, sobre todo a las materias de humanidades.
Yo entré a la vida consagrada cuando ya había terminado la carrera de ingeniería en la Universidad Anáhuac. Como consagrado tuve dos años de formación. Llegué a Roma en 1977 a estudiar filosofía y, como ya tenía una licenciatura pude sacar la licencia en filosofía en tres años en la Universidad Gregoriana.
Después obtuve el bachillerato en teología en Roma en la Universidad de Santo Tomás. Luego hice los estudios correspondientes a lo que antes se llamaba el año de pastoral en España, sin estar matriculado en una universidad, de acuerdo con el prefecto general de estudios de la Legión.
Quiero aprovechar para agradecer a los padres que han sido mis superiores y formadores. En la misa del Espíritu Santo con la que iniciamos el Capítulo General estaban algunos de los sacerdotes que me recibieron en Roma en 1977. No deja de edificarme que 37 años después sigan firmes y fieles.
¿Cuál es el pasaje de la Sagrada Escritura que más le inspira o le ayuda en su vida?
Soy bastante alérgico a decir qué es lo que más me gusta o lo que más ha influido en mí. Pero siempre me ha llamado la atención el pasaje de Jeremías que aparecía en mi recordatorio sacerdotal que dice: «Desde antes de que estuvieras en el seno de tu madre yo te había elegido». Eso marca mi vida y estoy aquí porque Dios me escogió para estar aquí. También me ha impresionado mucho el pasaje de Getsemaní en el que Jesucristo tiene que luchar contra sí mismo: «Pase de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya…»
De hecho, cuando el Cardenal me preguntó si aceptaba, no le respondí que aceptaba, sino que obedecía, en primer lugar a Dios que está representado por la autoridad suprema de la Legión, que es el Capítulo General. Lo hago confiado en Dios que a través del Capítulo me llama a seguirle.
Y conforme se fue dando cuenta de que podía resultar elegido, ¿qué fue lo que experimentó los días previos, quizás durante las elecciones?
¿Cómo contestar? Antes de salir de México uno de dijo: “¡Que regrese!”. Lo tomé como broma. Después algunos de los padres capitulares me fueron preguntando si yo estaría dispuesto a aceptar en caso de resultar elegido. Eso te puede dar una idea de que hay alguien pensando en ti. También cuando alguno me preguntaba sobre mi salud, le respondía que estaba razonablemente bien. En realidad eso me hizo pensar que podría ser una posibilidad…
Iban pasando los días del Capítulo y hablando de diversos temas, me fui dando cuenta de que esto podía ser una posibilidad. Yo lo hablaba con Jesucristo y con la Virgen.
Ahora que habla de la Virgen, ¿cuál ha sido su experiencia de María en su sacerdocio?
Es de una presencia continua. No tengo muchas devociones, pero sí tengo una fe muy grande en la presencia de Dios y de la Santísima Virgen en la vida de un sacerdote y en la mía personal. De la Virgen puedo decir que me muestra lo que es un amor incondicional y que puedo confiar plenamente en su intercesión.
La primera vez que pensé seriamente en la vocación de manera madura fue en la Villa de Guadalupe, en la antigua porque era la que existía. Y ahí me di cuenta, rezando a la Virgen, que Dios podía querer que yo fuera sacerdote.
Ud. cree que con el Capítulo General quedan atrás todas las cosas que la Santa Sede había señalado a la Legión después de la visita apostólica. ¿O siguen algunas tareas pendientes?
El Capítulo marca a la vez un final y un nuevo inicio. Esto es lo que muchos de los padres capitulares sentimos y lo hemos expresado así en el aula capitular. Pero para que sea de verdad un nuevo inicio, es necesario poner los retos del pasado en su lugar. Por eso el Capítulo ha querido publicar un Mensaje para los legionarios, los miembros del Regnum Christi y todos los que han seguido nuestra historia reciente. No podemos borrar el pasado, pero tenemos que aprender las lecciones, lamentar estos hechos y confiar en la misericordia de Dios y, como San Pablo, correr hacia la meta para alcanzar a Cristo.
Hemos avanzado en estos años, pero no podemos decir que la tarea ya ha terminado. El Papa nos ha dado algunas indicaciones a través del Delegado Pontificio y tenemos que ir cambiando nuestra forma mental en algunas cosas. Eso es una conversión continua. Por otra parte la Iglesia es santa y a la vez siempre necesitada de reforma. Nunca podemos decir que estamos plenamente convertidos como personas ni purificados ni renovados como institución. Esto es algo que el nuevo gobierno tendrá que impulsar durante los próximos años: un trabajo de purificación continuada en la que participemos todos. Queremos que sea un nuevo inicio en el que juntos busquemos con pasión hacer el bien a las personas y ayudarles a que conozcan el amor de Cristo y su misericordia.
Ud. es el sucesor del P. Álvaro Corcuera y, de alguna manera toma también el relevo del P. Sylvester Heereman. ¿Tiene alguna palabra para ellos?
Con el P. Álvaro tengo una gran amistad desde hace muchos años. Nos incorporamos juntos a la vida consagrada del Regnum Christi en 1975, pero ya nos conocíamos desde antes. A la amistad se unen el respeto y la admiración y, en estos últimos años, un sentido agradecimiento. Su ejemplo de bondad y de cercanía con todos me motiva.
Con el P. Sylvester he tenido mucho trato de gobierno en los últimos meses, especialmente desde que empecé a ser director territorial en agosto del año pasado. Admiro su claridad de mente y su valor. Espero que ahora juntos en el gobierno de la Legión podamos servir a la Legión en este tiempo de renovación y dar un impulso a los apostolados para bien de la Iglesia.
Ud. ha trabajando en España, Brasil y México. ¿Qué ha aprendido de estos países?
¡No había pensado qué he aprendido en cada país…! Trato de ser una persona optimista y de estar bien en donde me toca estar en cada momento…
En España viví mis dos primeros años de ministerio sacerdotal. Ahí fui aprendiendo lo que es ser sacerdote y confesor. Fue muy enriquecedor experimentar la misericordia de Dios y ser instrumento suyo.
En Brasil me tocó fundar. No había nada cuando llegamos los primeros legionarios. Ahí me di cuenta de la dificultad para sacar adelante secciones del Regnum Christi y obras de apostolado. En 1989, sólo Dios sabe cuántas horas dediqué a ser gestor para poder sacar el primer colegio, que yo no vi nacer, pero yo saqué los permisos y licencias. De Brasil tengo siempre un recuerdo muy cariñoso. Algunos de los padres de México se burlan de mí cuando les hablo de Brasil, me dicen si es que ya me quiero ir a Brasil otra vez, porque es un país con una Iglesia viva, con una fe muy grande. Además, siendo el país con más católicos en el mundo, es un lugar en donde la Legión tiene que estar y tiene mucho que aprender, del espíritu brasileño que es un espíritu alegre, con el que viven la alegría de la fe.
He vivido en Italia y aunque no he vivido en otros países europeos, convivo con legionarios de varios países y percibo eso como una enriquecimiento a nuestra familia. Y no podría no decir algo sobre Norteamérica, en donde pude trabajar durante unos meses en 1993, que tiene un papel muy relevante en el mundo y en la Iglesia. Espero poder acercarme también a esos lugares de los que todos podemos aprender mucho.
¿Cómo se dio cuenta de que Dios le llamaba a ser sacerdote legionario?
Es realmente complicado identificar momentos exactos. En el Movimiento fui encontrando una relación personal con Dios nuestro Señor, que me iba llamando cada vez a más. En algún momento determinado empecé a sospechar que Dios me llamaba a la Legión. Fueron dos años de lucha interior, de búsqueda, de altibajos. A través de la oración, de la dirección espiritual y del contacto con otros legionarios, y entre ellos también el fundador, recibí la gracia de dar un sí a la invitación de Dios.
Uno de los puntos principales de la Legión es la educación. Ud. ha sido director de colegios. ¿Qué nos puede decir del apostolado del Regnum Christi en este campo?
La Iglesia siempre se ha preocupado de la educación. El Papa Benedicto XVI hablaba de la “emergencia educativa”. La educación es el cultivo de la mente, de la inteligencia, del espíritu. En el Regnum Christi a veces hemos expresado la experiencia de Cristo como conocer, amar y seguir a Jesucristo. En un colegio puedes tratar de dar la parte de la enseñanza de la fe, de la primera experiencia de la fe fuera de su casa, para que haya un amor a Jesucristo y Dios sea alguien que está presente en sus vidas.
Nos encontramos en la Iglesia católica personas religiosas, que creen en la existencia de Dios. Pero no siempre se trata de un Dios que tenga mucho que ver con su vida práctica, no en un Cristo que los llena y les da sentido. En un colegio católico, en un colegio del Regnum Christi, se puede realmente hacer esta experiencia: mi propia vida está relacionada con Jesucristo, a quien conocí no sólo en mi familia sino también en las instituciones del Regnum Christi.
Y aquí quiero reconocer el trabajo de tantos legionarios, consagradas, consagrados y laicos que se dedican a la educación de la juventud, de los niños, de las familias. Hay mucho por hacer, pero es hermoso ver lo que Dios logra en las almas a través de estos hermanos y hermanas nuestros que se le prestan. A mí me edifica mucho su entrega.
En los últimos años hay sacerdotes y hermanos en formación que han salido de la Congregación. ¿Qué experimenta hacia ellos?
A los padres y hermanos que han salido de la Legión les mando un saludo cariñoso. Ellos han hecho un discernimiento que debemos respetar y, en un momento dado, según su conciencia, vieron que no podían seguir en la Legión. Tenemos que respetar su decisión. Creo también que hay mucho que tenemos en común quienes seguimos a Cristo en la Legión y quienes lo siguen en otro lugar. Tenemos que rezar unos por otros.
Hay muchos exlegionarios que han pasado por mi vida. He sido superior de ellos, hemos trabajado juntos. Siempre que alguien se va, te da una cierta tristeza. La verdad es que les tengo cariño y sigo considerándolos amigos y hermanos. A todos mando un saludo y les pido su oración.
A pesar de los hechos vividos por la Legión en los últimos años, ¿Ud. aconsejaría hoy a un joven que está discerniendo su vocación que entre en la Legión de Cristo?
Yo creo que la Legión de Cristo está pasando por un período de renovación, de purificación. Ha tenido una crisis institucional. Estar en una institución de este tipo ofrece a quien quiere entrar una cierta garantía. ¿Por qué? No somos una congregación que está marcada por el éxito, sino por la cruz de nuestro Señor Jesucristo y la cruz de nuestras propias debilidades. Alguien que quiere entrar aquí se encontrará una congregación que, en fidelidad a la Iglesia Católica, quiere vivir el seguimiento de Jesucristo. Creo que, en ese sentido, podrá encontrar un lugar apropiado.
¿Quisiera enviar algún mensaje a los legionarios y miembros del Regnum Christi? ¿Qué es lo que espera de nosotros en los próximos seis años?
Acepté ser director general porque tengo muchísima confianza no solamente en Dios y en la Iglesia, sino también porque confío en las personas: en los legionarios, los consagrados y las consagradas, en los miembros del Regnum Christi. Ellos están dando su vida según el estado y condición a la que han sido llamados. Si yo considerara que estoy solo, no hubiera podido aceptar.
¿Qué espero de los legionarios? Espero que sigan trabajando con ilusión, colaborando, entregando sus vidas, porque vamos juntos. Me toca dirigir junto con un consejo, pero vamos juntos. Todos remamos, todos trabajamos, todos amamos a Cristo.
Hoy tenemos un desafío grande y apasionante que es la unidad: la unidad interna en la Legión y la unidad y colaboración en la misión con los laicos consagrados y las consagradas del Regnum Christi y también con todos los miembros del Movimiento. Nos esperan años de paciencia, fortaleza y caridad ingeniosa. Es el deseo de Cristo: «que sean uno». Sólo así serviremos bien a la Iglesia y al Regnum Christi.
¿Qué quiero? Lo que yo aprendí cuando me incorporé al Regnum Christi en 1972: Que Cristo reine en el corazón de las personas. Queremos que el encuentro con Cristo lleve a las personas a plenitud y que más personas se encuentren con el Señor y así se transforme la vida de la familia, del lugar de trabajo, de la sociedad. Quisiera que Cristo nos llene de amor, de ilusión y de esperanza.
Muchas gracias por esta entrevista.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
¿Está cambiando el Papa Francisco la doctrina de la Iglesia?
Las reacciones a la entrevista que el P. Antonio Spadaro SJ hizo al Papa Francisco y que se publicó hace unos días han sido bastante dispersas y de signos opuestos. Un periódico español ostentaba el titular «Jamás he sido de derechas». En otros medios se podían leer encabezados como: «El Papa rechaza la “injerencia espiritual” con gays y divorciados”; «Pide Papa dejar de pelear por aborto y gays»; «Papa Francisco dice “soy un pecador”»; «Para el Papa lo primero es el Evangelio y después la doctrina» y «Vientos de cambio en la Iglesia».
Surge inevitable la pregunta: ¿está el Papa Francisco cambiando la doctrina de la Iglesia? Creo que la mejor manera de responder debe ser la lectura pausada y serena de la entrevista misma. No bastan los titulares. En ella el Santo Padre nos abre una ventana para conocerlo casi personalmente, y es siempre reductivo e injusto que alguien determine que una única frase, sacada de contexto, sea la clave interpretativa de todo su pensamiento expresado en un texto bastante amplio.
El Papa utiliza una imagen audaz de cómo él ve a la Iglesia: como un hospital de campaña después de una batalla. Ahí hay hombres y mujeres con heridas atroces, al borde de la muerte. Lo más importante no es hacerles cirugía estética en ese momento, sino salvarles la vida. Y, en el ámbito espiritual, Francisco está profundamente convencido de que la exhortación de San Pablo a los romanos sigue siendo verdad: «si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo»[1] .
Ya hace unos años el Cardenal Jorge Bergoglio influyó con sus ideas y su “cristocentrismo” en el Documento de Aparecida. Ahí los obispos de América Latina invitaban a toda la Iglesia a salir de una «pastoral de conservación» quizás un poco cómoda y conformista y movilizarse en un compromiso misionero que saliera a buscar a los alejados. Y lo primero es el anuncio de Jesucristo, de su amor, de su misericordia, de su buena notica, de lo que Dios ha hecho por cada hombre. Después vendrán las exigencias morales y religiosas. Primero salvar la vida, luego lo demás.
Me impresiona que el Papa mencione el cuadro «La crucifixión blanca» que Marc Chagall pintó en 1938. Ahí aparece Jesucristo como un mártir judío, rodeado de las tragedias que son consecuencia de ideologías inmanentistas que prometían al hombre la felicidad. Y está Jesucristo en el centro... Parecería que Francisco nos quiere recordar que es Cristo la medicina que el hombre necesita. No una serie de normas morales que, sin la referencia al Señor, resultan pesadas y poco atractivas y que se llevan sólo por Él y con Él. De suyo, así hacía San Pablo: primero habla en sus cartas del misterio del amor de Dios a todos los hombres en Cristo y después afronta las exigencias de esta relación con Él.
Cuando me tocó colaborar con algunos medios de comunicación para el Cónclave, era bastante previsible que los periodistas preguntarían sobre los homosexuales, el aborto, los divorciados vueltos a casar y los anticonceptivos. Lo que el Papa está diciendo es que no podemos reducir la Iglesia a estos temas. Son importantes, sin duda. Son temas candentes. Pero no son lo esencial. Lo importante y más urgente es que todos los hombres puedan encontrarse con Jesucristo, una persona viva, que dé una nueva orientación y abra nuevos horizontes a sus vidas[2]. Es una invitación a ver más allá de estos temas.
El Papa Francisco, con gran audacia y sencillez, afirma que él es hijo de la Iglesia y que cree en su doctrina. Él no es de derechas ni de izquierdas. No es progresista ni conservador. Es un pastor que quiere implementar el Concilio Vaticano II, que entre sus documentos más insignes recuerda que es Jesucristo quien revela el hombre al hombre [3]. Y por eso, lo que más desea, es que la Iglesia entera –y él parece ser el primero- salga a las periferias a compartir con todos, especialmente con quienes están lejos y quienes sufren, la alegría del amor de Jesucristo. Me parece que lo que más desea es que, cuando una persona se mire en el espejo, independientemente de su situación moral, de su ideología política o de su orientación sexual pueda ver reflejado a un hombre o una mujer que es apasionadamente amado por Dios en Cristo.
¿Es entonces Francisco un Papa progresista que está rompiendo con la doctrina de la Iglesia? Yo creo que no. Creo que nos está ayudando a centrarnos en lo verdaderamente importante. Creo que es un pastor que quiere buscar a la oveja perdida y sacar de la autocomplacencia a la que quizás todavía está en el redil quizás preocupada por cosas secundarias y “autorreferenciales”. Creo que es simplemente un muy buen católico y un buen pastor, que nos confirma en la fe y nos enseña cómo se evangeliza hoy.
[1] Romanos 10,9
[2] Cf. Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus Caritas est, n. 1.
[3] cf. Gaudium et spes, n. 22
lunes, 3 de junio de 2013
¿Por qué dejan el Regnum Christi algunas personas?
Una reflexión personal y cuatro propuestas
P. Benjamín Clariond LC
En estos años de purificación y renovación del Regnum Christi, mucho se ha dicho y discutido sobre su carisma, sobre su metodología apostólica, sobre su aportación a la vida de la Iglesia. Algunos sostienen que este Movimiento no contribuye a la espiritualidad cristiana como harían, en cambio, los jesuitas con los ejercicios espirituales, los salesianos son su pedagogía e interés por la juventud, los focolares con la búsqueda de la unidad y así las demás realidades eclesiales… Otros, en cambio, estamos convencidos de que, a pesar de nuestra difícil historia, aquí hemos encontrado un estilo de relación con Jesucristo que nos invita a colaborar con Él en su misión, a despertar en los demás la conciencia de su vocación de apóstoles, a establecer una relación de amistad estrecha con Él.
Con todo, hay un hecho innegable: muchos se han incorporado al Regnum Christi y también muchos, después de algunos años, lo dejan para buscar otras opciones, o simplemente optan por una vida cristiana más tranquila. Es verdad que son muchos más quienes perseveran hasta el final, con una mayor o menor participación, pero generalmente con una vinculación afectiva. Pero el hecho de que alguno se marche es algo que nos invita a hacer un examen de conciencia profundo.
He intentado hacer este análisis de nuestra situación. Comparto mis reflexiones estrictamente personales, que son inevitablemente limitadas y muy mejorables, y algunas sugerencias para colaborar mejor en el anuncio de Jesucristo a todos los hombres.
Se puede decir que el fenómeno que nos interesa se da también en la Legión de Cristo, que es parte del cuerpo del Regnum Christi. Dios nos bendice con muchos jóvenes que inician un camino de discernimiento vocacional, pero también hay quienes abandonan el camino al sacerdocio. Ciertamente, y poniendo entre paréntesis los últimos tres años -tan complicados y cargados de misterio- de nuestra historia, la Legión se mantiene dentro de los parámetros de perseverancia de las congregaciones religiosas en la Iglesia[1]. No se trata, pues, de una problemática exclusiva de los legionarios, pero, al igual que el resto de la Iglesia, nosotros también tenemos que llevarlo a la oración y a la reflexión personal y en común para encontrar respuestas desde Dios y descubrir “lo que el Espíritu dice a la Iglesia”[2] .
Los hechos de la vida del fundador ha dado una sacudida a la familia del Regnum Christi. Algunos se han sentido defraudados y engañados y han preferido servir al Señor por otro camino. De algunos tengo noticia y es consolador comprobar el bien que hacen a la Iglesia y a las personas con quienes comparten su ministerio. Con otros continúo una estrecha relación de amistad y compartimos juntos penas y alegrías; en muchas cosas estamos de acuerdo pero también respetamos y apreciamos nuestras diferencias.
Dejando de lado estos hechos que podríamos tildar de atípicos (y no por eso menos reales y graves), ¿por qué dejan el Regnum Christi algunas personas? Unos se marchan porque descubren que ésta no es su vocación, o porque encuentran el estilo de vida del Movimiento demasiado exigente o demasiado condescendiente para sus gustos. Me han dicho algunos que no encontraron la guía espiritual que esperaban hallar o que tuvieron un problema de relaciones humanas con un padre, una consagrada o un miembro de su equipo. También me he encontrado con quien, sobre todo al estrenar su vida matrimonial, encuentra especialmente difícil vivir su sexualidad según la doctrina católica y prefieren darse unas vacaciones.
Encontré también en México una señora –tristemente no creo que sea una excepción– que consideró seriamente dejar el Regnum Christi porque no encontró apoyo en algunas de sus compañeras ante una dificultad personal. Y un señor que disfruta del apostolado, pero se siente literalmente frustrado por el apego a ciertas ideas obsoletas que nadie quiere cambiar. Hay personas que se sienten que fueron usadas porque se les atendía mientras podían aportar algo y cuando tuvieron alguna dificultad se les dejó de buscar. No falta, tampoco, el joven que se escandaliza porque ve al que sería su responsable de equipo borracho en una fiesta y le parece que todos en el Movimiento son hipócritas…
Se trata de hechos reales que nos llaman a la conversión a todos los que formamos parte del Movimiento. No sólo a los legionarios y miembros consagrados, sino a todos los que, por el bautismo, estamos llamados a propagar la nueva vida que Cristo nos ha traído con su resurrección.
Ver estos hechos fríamente me lleva a pensar que la gente que deja el Regnum Christi no lo hace tanto por problemas de tipo teológico, sino más bien de orden metodológico [3]. Es decir, no es que dejen de creer en la presencia real de Cristo en la Eucaristía o en la virginidad de María o en la realidad del cuerpo místico. Lo que pasa es que quizás no logran profundizar en estas verdades para hacerlas vida o, sobre todo, no siempre la ven encarnada en nuestro vivir de cada día. No se van porque en el Regnum Christi se prediquen errores doctrinales o porque en la Legión se propaguen enseñanzas contrarias a la Iglesia, sino por problemas vivenciales o hasta existenciales. A veces, invitándoles a la unidad familiar, las mismas actividades del Movimiento pueden haber contribuido a que se disminuya la convivencia entre esposos, entre padres e hijos. No siempre encuentran respuestas a sus aspiraciones e inquietudes, ni hemos tenido la sensibilidad para darnos cuenta que éstas van cambiando a lo largo de la vida.
Me parece que otra fuente de desencanto puede surgir del proceso de revisión del Movimiento, sobre todo cuando éste puede convertirse en revisionismo a ultranza, en donde todo se cuestiona: desde el motivo del rezo de las letanías lauretanas al final del rosario hasta la actualidad de la práctica de la dirección espiritual. Hay que revisar y analizar muchas cosas, pero debemos evitar el peligro del que hablaba tanto el Cardenal Bergoglio: que la Iglesia se haga autorreferencial. O como le escribió Ignacio de Loyola al Cardenal Carafa, fundador de los teatinos: que estemos tan preocupados por nuestra vida interna que se nos olvide la misión que tenemos que cumplir en el mundo y que es la verdadera razón de nuestra existencia[4] .
Y ante este panorama, ¿podemos quedarnos lamentándonos por los errores y limitaciones del pasado? ¿En qué centrar nuestras limitadas fuerzas para colaborar con la gracia de Dios? ¿Cómo ayudar a los buenos católicos que se acercan al Regnum Christi a perseverar en el seguimiento de Cristo, más allá del entusiasmo de los primeros años y llevar una vida cristiana plena y feliz?
Creo que al Regnum Christi y la Legión le conviene centrar su atención en cuatro elementos prioritarios[5] si quieren ofrecer un servicio válido a la Iglesia y a los hombres y si desean que su renovación sea auténtica y ésta se propague:
1. Ayudar a que los miembros hagan una verdadera experiencia de Cristo.
Esto es una gracia que hay que pedir: que cada persona se encuentre con Él en la fe y que este encuentro les transforme la vida[6] . No podemos presuponer que quien llega al Movimiento conoce ya a Cristo personalmente. Si no hay un anuncio explícito de lo que Jesús ha hecho por ellos con su encarnación, muerte y resurrección, inevitablemente construiremos sobre arena. En un segundo momento vendrán las exigencias morales que serán aceptadas más como expresiones de esta amistad que brota del conocimiento, y no tanto como obligaciones incómodas que coartan la propia libertad.
En el ambiente secularizado en que vivimos, es relativamente sencillo optar por acciones en las que el encuentro con Cristo no es tan inmediato. Podemos dejar de lado, por la dificultad que presuponen, actividades como la dirección espiritual, los ejercicios espirituales, las horas eucarísticas, las misiones, los retiros, los cursillos de formación… Podríamos optar por apostolados meramente humanitarios y sociales, sin una verdadera evangelización. Pero al hacer eso, hipotecamos el futuro: no estamos ofreciendo un ambiente propicio para que la semilla del bautismo pueda desarrollarse en el corazón de cada persona. Se entretiene a las personas, hacen el bien, pero falta esa experiencia vital del Señor.
Lo vemos en el Evangelio: cuando alguien se encuentra con el Señor, entabla con Él una amistad inquebrantable que va más allá de nuestra fragilidad. Cristo se convierte en una presencia viva y amorosa, que exige una fidelidad y autenticidad gozosas a la propia vocación. Sólo con un encuentro personal con Cristo vivo se puede pensar en una verdadera autoformación y una autoconvicción: cada uno querrá darle gusto a Jesucristo.
Ultimadamente, y aunque sea legítimo querer ver crecer el Regnum Christi, no es para el Movimiento, que es sólo un medio, sino para Cristo que queremos ganar a las personas, para que Él pueda tocar más corazones. Y ahí está la piedra de toque de todo... Pero no es el único elemento, pues los esfuerzos se han de centrar en todas las dimensiones de la persona.
2. La experiencia de la caridad.
Personalmente creo que el Espíritu Santo ha suscitado los movimientos para responder a la creciente soledad e individualismo en los que se desenvuelve la vida de tantas personas. En las ciudades, incluso en una parroquia urbana, muchos no se conocen y experimentan la necesidad de ser acogidos fraternalmente en grupos más pequeños en donde sean alguien, en donde se les valore y aprecie. Necesitan encontrar lo que podríamos llamar relaciones interpersonales significativas.
Una persona se siente en casa cuando es acogida, respetada y amada con sus peculiaridades. Cuando descubre y acepta que puede aportar algo concreto a los demás. ¿Conocemos los nombres de nuestros compañeros de camino, su historia, sus intereses? ¿Somos capaces de llamarles simplemente para ver cómo están o cómo ha salido la operación de su esposa? ¿De “perder el tiempo” simplemente para acompañarle? ¿De pedir perdón si a alguien hemos juzgado u ofendido por nuestra falta de sensibilidad o interés? ¿De volver a entregar mi confianza a quien me ha defraudado?
He visto grupos del Regnum Christi y de otros movimientos que son ejemplares en este sentido: personas que se levantan para saludar a quien llega, que invitan a conversar y a compartir puntos de vista diversos, que primero preguntan cómo te encuentras antes de pedir algo… Pero también me he encontrado con otros en donde se revisa el atuendo de arriba abajo para ver si conviene saludar a quien llega, o en donde no se acepta que alguien pueda pensar diversamente… En unos y en otros sigue habiendo necesidad de conversión.
Que quede claro, éste no es un problema exclusivo del Regnum Christi. Se da en todo grupo cuyos miembros se vean afectados por el pecado original. Pero si el Movimiento quiere ser auténticamente cristiano, debe buscar crear, con la ayuda de la gracia, una comunidad de fe y amor, sin cerrarse nunca sobre sí mismo, sin conformarse con la propia comodidad, sin tener miedo a salir al encuentro de quien está alejado.
3. La formación en la fe.
La experiencia de Cristo y la vida de equipo o de comunidad son un fuerte sostén para la perseverancia en la propia identidad cristiana. Pero también hace falta echar raíces por el contacto asiduo con la Palabra de Dios, con los contenidos de la fe a través del catecismo y hasta de la teología. Sin esta guía segura, que se da por la predicación, la atención personal, la lectura, los cursos formativos, entre otros medios, el cristiano puede perder fácilmente el norte, zarandeado por cualquier moda o novedad[7]. Una buena formación teológica es una valiosa ayuda para enfrentar y encuadrar correctamente los problemas, las perplejidades y las sorpresas que la Providencia permite en nuestras vidas, tanto a nivel personal como institucional y social.
¿Qué tanto peso le damos a la catequesis en los colegios y universidades, a la calidad de las actividades formativas, a las conferencias, a la propia formación teológica y cultural[8]? ¿Es la predicación de la Palabra de Dios siempre nueva, que abre horizontes y despierta la sed de Dios en quien la escucha? ¿El Regnum Christi ofrece instrumentos para interpretar mejor las Escrituras bajo la guía del Magisterio y despierta el interés por hacerlo? ¿Propone elementos doctrinales para acompañar a una persona en las distintas etapas de su vida? Sería penoso conformarnos con la misma charla todos los años. Sería imperdonable que le diéramos a la mujer recién casada lo mismo que a la mujer madura. Pero es también apasionante ver cómo florecen los grupos del Regnum Christi cuando se comparte la doctrina católica de la manera y en la medida más apropiada para cada auditorio, cuando se les enseña a orar, cuando se les muestran los misterios de la fe. ¿Yo cómo atiendo este punto?
4. El impulso misionero.
El Regnum Christi no puede dedicarse a mantener espiritualmente atendido a un grupo de gente piadosa. En su misma entraña es decididamente misionero, dinámico, llamado a colaborar en la conquista de los corazones para Cristo y la extensión de su Reino en este mundo. No puede quedarse satisfecho con el status quo de una pastoral de conservación: debe ser levadura que fermente la masa[9].
Podemos tener la sensación de que ahora la prioridad es sólo consolidar nuestra vida interna, y tiene algo de verdad. Pero no podemos mirarnos permanentemente a nosotros mismos: sería hacernos autorreferenciales y poner al Regnum Christi al centro y no a Cristo y a las personas por quienes Él ha dado su vida. Debemos “levantar los ojos y ver los campos listos para la siega”[10] , pues las personas van por la vida sin haber conocido a Cristo, sin haber descubierto detrás de nuestra amistad y a través de ella al Señor. El mundo no se detiene y no podemos llegar tarde.
Nuestra preocupación mayor no puede ser cómo organizarnos mejor, sino cómo servimos mejor a las personas, cómo podemos ayudarlas a descubrir la acción del Espíritu Santo en sus almas que las invita a más amor y más entrega. Como podemos hacer presente la vida nueva que Jesucristo ha venido a traer a los hombres. Debemos ser audaces para no dejarnos llevar por modas momentáneas. A la vez, hay que cultivar la docilidad al Espíritu Santo para que se dé en nosotros una verdadera conversión pastoral[11].
Necesitamos optar, también, por introducir a quienes empiezan a recorrer los caminos del evangelio en apostolados que sean fáciles y que les den la satisfacción casi inmediata de haber hecho el bien. Es cierto, queremos hacer cosas grandes, pero no podemos quemar etapas ni adelantarnos al ritmo de Dios. Jesucristo primero encargó cosas relativamente fáciles a las doce y a los setenta y dos… luego los mandó al mundo entero. Debemos ser pacientes y buscar que cada bautizado descubra el gusto por el apostolado y por la entrega a los demás. Sobre todo, hay que darle tiempo y ocasión para que se encuentre con Cristo en la entrega a los pobres, a quien sufre, en quien necesita aliento y cariño, a quien no encuentra sentido para su vida… y entonces sí querrá hacer más por Él y buscará compartir este tesoro a más personas.
El análisis de las causas y las posibles recetas de solución al problema de la perseverancia en el Movimiento pueden continuar indefinidamente. En el fondo, creo que hay que acoger la historia de caída y de redención por donde el Señor nos va llevando, para aprender que el Regnum Christi es sólo de Él.
Ya hemos pedido perdón y nos hemos puesto a disposición para dialogar con quien así lo desee. Ya estamos corrigiendo lo que hay que corregir y esto es algo que va en profundidad, sin cambiar ni traicionar nuestra identidad. Esto no es tarea del Delegado, ni de los directores. Es un reto que requiere del esfuerzo de todo el cuerpo del Movimiento, de cada uno de sus miembros.
Confío que, si focalizamos nuestra acción en estos cuatro puntos, mucho más allá que en las técnicas y habilidades humanas, con la ayuda de Dios, mucha gente se sentirá en casa en el Regnum Christi y querrá permanecer con Cristo en él durante toda su vida.
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1 Cf. PARDILLA, A., I Religiosi, Ieri, Oggi e Domani, Editrice Rogate, Roma, 2007.
2 Apoc. 2,7.
3 Cf. CELAM, Documento Conclusivo de la Conferencia de Aparecida, San Pablo, Bogotá, 2007. n. 225. En adelante citado como Aparecida.
4 Cf. DE DÁLMASES, C., Il Padre Maestro Ignazio, Jaca Book, Milano, 21994. 144.
5 Cf. Aparecida, n. 226.
6 Cf. Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus Caritas Est, n. 1.
7 Cf. Ef. 4, 14.
8 Cf. Aparecida, nn. 295-300 y 328-346.
9 Cf. Aparecida n. 370.
10 Jn. 4,35.
11 Cf. Aparecida n. 365-379.
martes, 19 de marzo de 2013
La desarmante sencillez del Papa Francisco
No acaban las sorpresas en el Vaticano. El Papa Benedicto XVI presenta su renuncia. Los cardenales eligen por primera vez un Papa de América Latina, por primera vez un Papa jesuita y por primera vez se llama un Papa Francisco. Aun después de la primera emoción de la fumata blanca y del Habemus Papam, el nuevo sucesor de Pedro ha ido conquistándonos a todos.
¿Y qué me ha cautivado más? Sobre todo su desarmante sencillez. Nos saludó como un papá a sus hijos desde la logia de las bendiciones de la Basílica de San Pedro y nos pidió que rezáramos por él. Lo hemos visto en el autobús como los demás cardenales. Me ha encantado que lo primero que hizo fue llevar un ramo de flores a la Virgen María. Y me ha permitido ver su gran humanidad el que haya ido a pagar la cuenta y recoger sus cosas personalmente antes de mudarse al Vaticano.
El Papa Francisco contaba desde el primer momento con mi adhesión incondicional y mi cariño, como Vicario de Cristo y sucesor del apóstol Pedro. Contaba con mi obediencia porque es mi obispo: tengo la dicha enorme de formar parte del presbiterio de la diócesis de Roma. Pero no deja de impresionarme el cariño con el que se dirige a todos. Me hizo recordar a Juan XXIII en su modo de hablar cuando nos deseó las buenas noches y nos pidió ir a descansar.
Un amigo periodista me preguntaba si el hecho de que el Papa fuera jesuita significaba algo, que si no me preocupaba que hubiera tanta novedad. La Compañía de Jesús ha dado grandes hombres a la Iglesia y lo que San Ignacio más buscaba era hacer las cosas para mayor gloria de Dios. Si el Card. Bergoglio aceptó esta pesada cruz, no ha sido por otro motivo que para obedecer y seguir mejor a Jesucristo y amar y servir a la Iglesia. Ya alguno ha empezado a buscarle cosas que reprocharle en su pasado –como acusaron siempre al Papa Benedicto XVI de haber sido afiliado, por la fuerza, a las juventudes nazistas–, pero entre más se busca más salen a la luz anécdotas y vivencias que hacen brillar su rectitud, austeridad, amor sincero por los pobres, su fidelidad a la verdad y su sencillez.
Ayer escuché su homilía estando yo en la plaza de San Pedro. Con qué humildad y con qué fuerza nos propone su programa: caminar en la presencia de Dios; construir sobre roca firma, que tiene su consistencia y que está viva; y confesar a Jesucristo crucificado. ¡Qué maravilla que nos diga que podemos caminar y construir todo lo que queramos, pero si no confesamos a Cristo crucificado, seríamos una ONG piadosa, pero no la Iglesia, la esposa de Jesucristo! Se saborea la continuidad con el magisterio de sus predecesores, asimilado y hecho vida.
Apenas llevamos dos días de pontificado, pero se antoja un tiempo muy prometedor para que las semillas que sembró el Concilio Vaticano II y que con tanto afán han cultivado Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI florezcan y den mucho fruto de santidad y autenticidad cristiana. Es hora de ser luz del mundo y sal de la tierra. Es hora de sentir la mirada misericordiosa de Jesús y experimentar cómo nos elige para evangelizar y hacerlo presente. Es hora de purificarnos y dejarnos transformar por el Espíritu Santo para que no aparezcamos tanto nosotros, sino que aparezca Cristo presente hoy en la Iglesia. Y estas actitudes se perciben –al menos yo las veo y me entusiasman– en el Papa Francisco.
¡Qué bendición la llegada de este nuevo Papa, que como el santo de Asís ayude al Señor a restaurar su Iglesia, que es santa y siempre necesitada de conversión!
Por el P. Benjamín Clariond, L.C
lunes, 11 de marzo de 2013
"Guía para entender qué es la Iglesia; Documento Lumen Gentium", P. Benjamin Clariond L.C.
El P. Benjamín nos explica el contenido de los diferentes capítulos del "Lumen Gentium", uno de los documentos más importantes del Concilio Vaticano II.
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